Es interesante como, a lo largo de nuestra infancia vemos muchísimas películas de dibujos. Siendo ya mayores sólo recordamos algunas de ellas. Tal vez no nos acordemos que tenemos una reunión el miércoles o un examen a las 10 de la mañana pero recordamos perfectamente esa escena concreta que nos emocionó siendo niños.
Es curioso como, sobre todo gente de mi generación, los maravillosos 80, nos gusta recordar nuestra infancia. Casi todos mis amigos me han pasado alguna vez un email con nuestras series favoritas, nuestros programas de la tv, nuestra música y nuestras películas…Todos esos recuerdos nos hacen sonreír como niños.
En mi caso, hay tres películas que me recuerdan mi infancia y adolescencia. Todas Disney, llamadme purista…La primera la Bella Durmiente. Siendo niña repetí una y mil veces aquella canción de la princesa Aurora en el bosque, tantas que cuando la oí de nuevo, remasterizada me dio mucha rabia que la voz y la canción ya no fueran las mismas, cosas del doblaje…
Creo que probablemente la película que casi le cuesta el cierre a la Disney es la más sublime de todas. Pequeños tapices en cada fotograma. Por supuesto, yo quería ser Aurora, la de la hermosa voz, labios cual carmín y cabellos dorados, pero como ni tengo los cabellos dorados, ni los labios cual carmín y mejor no hablamos de mi “preciosa” voz cambié de opinión. Quise ser Aurora por ser la primera princesa que no quería hacer lo que estaba escrito para ella. Ah, y por las hadas madrinas…
Pero centrándome en la peli, más allá de la estupenda escena del bosque siempre recordaré la batalla entre el Príncipe Felipe y la Bruja Maléfica. Posiblemente sea la bruja más mala y mejor dibujada de todas las películas Disney. Siempre que veo un malvado de película tengo que compararlo con ella.
La segunda de la “elegidas” es La Bruja Novata. Creo que una de las mejores escenas cómicas de la historia del cine es el famoso partido de fútbol que transcurre en esa película. Ni un pero a todos esos animales, haciendo el bestia para hacerse con el balón mientras el pobre David Tomlinson corría de un lado a otro. Creo que tiene tantas escenas buenas que no podría decir que tengo una favorita pero nunca se me olvidaran las palabras del conjuro de la Locomoción sustitutiva: “Treguna mecoides y trecorum satis di”. No, no funciona…
Y la tercera, más que por ser una de las mejores películas Disney de toda su historia es por el recuerdo de haberla ido a ver con mi abuela siendo casi una niña. Mi abuela y mi hermana, cada una en un lado de mi butaca. La Bella y la Bestia con su hermoso principio, su genial continuación musical, su animación, sus canciones y su guión que no pierde ritmo en ningún momento se convirtió, en el momento de verla por primera vez en el cine, en una de mis míticas. Creo que podría cantar todo el musical completo pero, tal y como he dicho antes, no tengo la voz de ruiseñor de la Princesa Aurora así que voy a ahorrármelo…
Así que, con semejantes títulos entre mis favoritos, es normal que le pida a la Disney al menos, ya no conmoverme, algo que últimamente solo lograba Pixar, sino hacerme sonreír y disfrutar como una niña. Busco esos guiños que me recuerden a esas películas de antaño, a esos clásicos de los 90 que tanto nos gustaron, a los secundarios maravillosos, la música, el guión y las princesas.
El domingo pasado, me senté en la butaca, con grandes expectativas. Fui a ver Tangled, Enredados para los españolitos de a pie, con ganas y buenas recomendaciones. Se apagaron las luces y comienza el cuento…y después de unos minutos maravillosos contándonos el principio, aparece un plano largo de la torre de Rapunzel y sonreí, sonreí porque me sentí como la niña que era al ver La Bestia y la Bestia . Y la disfruté como tal y, a todos los que buscan lo mismo, a los que vieron en el cine los grandes clásicos de nuestra generación, les recomiendo ir a verla.